Después de casi dos meses
Amélie ha pasado ya por las cinco fases que suelen darse durante el duelo.
Negación y aislamiento
(yo aquí no me quedo ni con pegamento y paso de salir y hablar sobre ello)
Ira
(como la Milangustias se vuelva a dirigir a mí, la meto en la destructora de papel y fuera)
Depresión
(¿por qué diablos lo veo todo tan jodidamente negro?,
y haz el favor de quererme más cuando menos lo merezca, por Dios y la Virgen)
Negociacion
(Esto es lo que hay hermosa, al menos de momento,si sigo aquí , no me pidas más loca)
Aceptacion
(De acuerdo, esto se alarga, me pondré el maldito uniforme, lo mismo hasta ligo con un ciego)
Amélie, casi casi, hubiera preferido incluso un pijama de rayas, y eso que no soportaría
acordarse todos los santos días de la II guerra mundial
(y lo pongo en minúsculas porque no se merece más)
pero es que su uniforme también roza lo macabro.
Y digo yo ¿pero quién coño elige semejante tejido?
¿Tan axesuado color de camisa?
¿Y ese modelo de pantalón de cintura rozatetas como si se tratara de una faja reductora?
¿les parecerá poco lo que se adelgaza archivando?
En fin.
La pequeña Amélie accede a ponérselo
hoy que aún le dura el whisky en la sangre.
Y se ve hasta mona
(pero de circo claro).