Porque mi primer novio quería ser escritor,
porque él me animó a sacarme el carnet de la Biblioteca de mi pueblo,
porque tuve una profesora de Literatura que olía a perfume de Santander
y me reprendía con descaro delante de todos mis compañeros (cosa que me encantaba)
Porque descubrí a Neruda, a Bécquer justo cuando estaba enamorada,
porque me arrastró la Generación del 27 en el mismo momento que ansiaba definirme,
y apareció el pastorpoeta, y me llené de tristeza, y me gustó.
La tristeza y el poeta.
(Descubrí que mi padre también escribía versos a las choperas)
Porque cuando me dolió el amor, me ayudó
Carmen Martín Gaite,

y sus letras, y sus sueños más allá de la provincia.
Las palabras vértigo, periplo, nubosidad variable, rarezas,
y una infinidad más, se clavaron en mís entrañas,
como si de un padrenuestro nuevo se trataran.
La Reina de las Nieves se convirtió en mi Biblia.
Porque después de naufragar varias veces,
los libros continuaron siendo el mejor flotador para no ahogarse.
Rimbaud, Lou A. Salomé, Carver, y un largo ecétera.
Y así perfilé mi camino, que no dejó de ser otro que el de regreso.
Soy así, es así, porque él (otro) perfiló unas alas en mi espalda
y me dijo VUELA, y rocé las nubes de otro cielo.
Porque después apareció otro (otros)
pero sólo él me invitó al primer whisky
y desde entonces no puedo dejar de beberlo.
Y regresé. Pero no del todo.
Siempre hay
Fragmentos de interior esparcidos por otros suelos.